Mundo ficciónIniciar sesiónEl sobre llegó a sus manos a las diez y cuatro minutos de la mañana, y Ximena tardó casi un minuto en abrirlo.
La doctora Silvia Ortega esperaba al otro lado del escritorio con esa paciencia entrenada que desarrollan los médicos que trabajan con resultados irreversibles. Era una mujer de cincuenta años largos, cabello gris cortado con precisión, lentes de armazón delgada. No intentó llenar el silencio con palabras tranquilizadoras







