Las puertas de la mansión se abrieron antes de que alcanzaran el primer escalón, como si la casa misma los hubiera estado esperando.
El interior era tan imponente como el exterior, con techos altos, columnas de piedra y una iluminación cálida que contrastaba con la frialdad de la noche que acababan de dejar atrás. Todo estaba dispuesto con una precisión impecable. Ningún detalle fuera de lugar. Ningún gesto improvisado.
El personal los aguardaba alineado a ambos lados del vestíbulo, en sile