CAPÍTULO 21: ¿Y... QUIÉN LO HIZO?
Las balas seguían golpeando el blindaje como una lluvia metálica implacable, dejando marcas opacas que se multiplicaban con cada impacto. El sonido seco de los proyectiles rebotando contra el cristal comenzaba a volverse inquietantemente irregular, como si la resistencia del material estuviera llegando a su límite.
—Acelera —ordenó Rainier con voz tensa, inclinándose hacia el conductor—. Si no salimos de aquí ya, esos cristales no van a aguantar mucho más.
El conductor no respondió. No hacía fa