Narrador.
Javier condujo durante la noche sin detenerse. A su lado, Mila seguía inconsciente, con la cabeza apoyada contra la ventana. Aún tenía las marcas en la muñeca del lazo con que la había atado.
Cuando el cielo empezó a aclarar, el camino de tierra se abrió entre árboles hasta dejar ver la propiedad: una mansión moderna, rodeada por muros de más de tres metros, cámaras en cada esquina y un portón eléctrico con lector digital. Era una casa de lujo, pero diseñada para encerrar.
La había co