Capítulo 29.
POV– MILA.
Estábamos a punto de irnos. Mis mejillas dolían de tanto sostener esa sonrisa falsa, y Nicolás, rígido a mi lado, parecía cada vez más incómodo, como un lobo atrapado en un corral lleno de hienas. Había sido suficiente. Ya no quedaba nada que ver ni escuchar en esa jaula de cristal.
Pero entonces llegaron las copas de champaña, burbujeantes, relucientes bajo las lámparas de cristal. Los meseros las repartieron con la ceremonia de un ritual antiguo, y en medio del murmullo, Lola alzó