Amhed permanecía de pie, con la serenidad de quien ha cargado muchas vidas en sus manos, pero ahora se preparaba para confesar algo que no estaba en ningún expediente.
—Mañana llegará mi esposa —dijo con calma—. Y mis hijas.
Julian lo miró confundido, arqueando las cejas.
—¿Tus… hijas?
Amhed asintió. Una leve sonrisa se dibujó en sus labios, la primera que se permitía en mucho rato.
—Gemelas. Tienen cinco años. Me casé hace siete años con Amina, una mujer afgana preciosa, fuerte y noble. A ella