La habitación aún estaba impregnada del eco de las buenas noticias. Kira seguía abrazada a Julian, con la frente apoyada en su pecho, mientras él acariciaba su cabello con ternura. Por un instante, todo parecía en calma.
El sonido de la puerta abriéndose interrumpió el silencio. Luka entró corriendo, con esa energía que nunca lo abandonaba a pesar de su fragilidad. Traía en las manos un pequeño ramo de flores que había comprado con el poco dinero que Sol le dio en la cafetería del hospital.
—¡K