La noche había caído sobre la ciudad, y el departamento de Vanessa estaba en penumbras. Solo la lámpara de la sala lanzaba un resplandor cálido sobre las botellas vacías en la mesa. Ella estaba sentada en el sofá, con las piernas dobladas y la bata de seda abierta, fumando un cigarrillo que se consumía lentamente entre sus dedos.
El humo formaba espirales frente a sus ojos cansados. Había estado horas pensando en lo mismo. En él. En Julian.
Julian con esa mirada dorada que la había derretido la