El auto apenas se detuvo frente a la entrada del hospital cuando Julian salió disparado, dejando la puerta abierta. Sus pasos resonaban en el suelo de mármol, cada uno cargado de una desesperación que quemaba. Leo corría tras él, intentando mantener el ritmo.
Las puertas de urgencias se abrieron y el caos lo golpeó de lleno. Médicos y enfermeras iban y venían, camillas se movían a toda prisa, el sonido de monitores cardíacos y las alarmas se mezclaba con las voces apremiantes de quienes luchaban contra el tiempo.
Y en medio de todo, los vio. Luka, con la cara bañada en lágrimas, aferrado a la mano de Sol, que intentaba sostenerlo mientras ella misma temblaba de miedo.
—¡Julian! —gritó Sol al verlo, con la voz quebr