Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa comisaría olía a papel húmedo, café rancio y metal. Julian permanecía sentado frente a un escritorio, con Leo a su lado. Ambos revisaban con el oficial de turno la denuncia formal contra Diego: intento de agresión, allanamiento, acoso. La carpeta ya pesaba como plomo, llena de pruebas, pero la voz de Diego durante el interrogatorio aún resonaba en la cabeza de Julian.







