El sol del mediodía se filtraba entre las hojas de los árboles, tiñendo de luz dorada las mesas exteriores del pequeño restaurante bistró donde Julian solía reunirse con Zoey y Leo. Era un lugar apartado, elegante pero sin pretensiones, que ofrecía la intimidad suficiente como para que el mundo exterior se desdibujara entre copas de vino y platos bien servidos.
Julian ya estaba allí cuando Leo llegó. Vestía informal, como solía hacerlo ahora que ya no pisaba los salones llenos de hipocresía de