El primer día de Kira en el restaurante de la señora Aldana comenzó con un nerviosismo suave, casi dulce, como una cosquilla en el estómago. La cocina era amplia, pulcra y ruidosa, con órdenes entrando y saliendo como si el lugar nunca descansara. Kira vestía el uniforme con orgullo, y Sol caminaba a su lado, observando todo con ojos atentos. Aunque las dos sabían que ese era un trabajo exigente, también sabían que estaban en un lugar donde eran valoradas.
La señora Aldana las había presentado