Julian bajó las escaleras con el cabello aún húmedo y una sonrisa que no podía esconder. Al ver a Luka desayunando y a Kira preparando el té, sintió una oleada de calor recorrerle el pecho. Había algo diferente en el ambiente, en la forma en que los ojos de Kira se encontraban con los suyos, en el modo cálido con que Luka lo saludaba. Era como si, de repente, todo encajara.
—Tengo que ir a la oficina —dijo, acercándose a despedirse—. Es solo por unas horas. Voy a entregar oficialmente mi renunc