La casa respiraba distinto esa tarde.
Era la primera vez que Kira, Julian, Damian y Luka pasaban un día completo en el hogar que habían dejado atrás meses atrás.
Las paredes olían a pintura fresca; las ventanas, recién instaladas, dejaban entrar una luz cálida que se deslizaba por los muebles como si quisiera bendecirlos.
El jardín, podado por un equipo que Julian había contratado en silencio semanas antes, dejaba ver el verde limpio del pasto y las flores nuevas que parecían saludar la vuelta