¡Mierda! Están a punto de darle la paliza de la vida a Lucas, y todo por mi culpa. Necesitaba hacer algo con urgencia, de lo contrario Lucas terminará con un ojo morado o hasta peor.
—¡Joder! Alessandro, ya déjalo.
Lo tomo por detrás y, aplicando todo lo que me enseñó Lucas, agarro su cuello y lo jalo para que lo suelte. Luego, aprovechando su asombro, lo tumbo al suelo y me coloco encima de él haciéndole presión en el cuello con mi pierna.
—Lo siento, cariño, no quería hacer esto, pero no me d