ALESANDRO RIZZO
Menuda noche de bodas. Estaba al lado de Valeria, esperando a que se recuperara de ese desmayo que tuvo. En verdad, menuda forma de asustarme cuando la vi desvanecerse en mis brazos. Toda la tensión a la que yo la he sometido le cobró factura, y en parte, eso me hace sentir mal.
—Dios, esto está mal —decido darme una ducha para despejarme, ya que no dormí en toda la noche por miedo a que le pasara algo a Valeria y yo no me diera cuenta.
Cuando salgo de la ducha, mi teléfono suen