ALESSANDRO RIZZO
La pequeña se atrevió a soltarme una cachetada. Pasé de estar excitado al verla tan entregada al placer, a sentir rabia por el golpe. Lo que no sabe esa pequeña es que, en dos días, es la boda, y quiero saber si el padre viene o no.
—Santoro —mejor que confirme.
—¿Qué quieres, Rizzo?
—Más respeto, Santoro. Acuérdate a quién tengo conmigo —siento cómo su respiración se vuelve más pesada—. No voy a extender mucho la llamada. Solo quería confirmar tu asistencia a la boda de tu hij