Rocco abre la puerta con violencia contenida. Caterina continúa en la parte trasera del Jeep, arde en fiebre, su respiración es superficial, sus ojos entrecerrados vagan sin rumbo fijo.
—¡¿Dónde diablos está el helicóptero, Luca?! — Rocco está perdiendo la paciencia. — ¿Cuánto tiempo necesitan?
—Ocho minutos, jefe, si despegan ya — responde Luca di Marzio, sin rastro de miedo.
Durante la emboscada, desde el asiento del conductor del SUV estuvo observando el co