Él la mira con fijeza, no quiere mentirle y mucho menos preocuparla.
El sonido de un teléfono lo distrae. Rocco se aleja y le ayuda a deslizar sus piernas hasta el suelo y luego toma su teléfono.
[Tienes que venir]
—¿Te vas? — Rocco, que se había cambiado de ropa después de regresar de la cala y lleva una camisa gris y pantalones sueltos de lino blancos y mocasines claros, se detiene frente a Caterina con el ceño fruncido, la toma de la nuca y la besa con suavidad.
—De