El Castillo de las Sombras jamás había visto tanto movimiento. Caravanas llegaban desde el amanecer, trayendo consigo nobles, embajadores y capitanes de reinos lejanos. Los portones se abrían y cerraban sin descanso, mientras heraldos anunciaban con voz solemne los nombres de los recién llegados.
Los estandartes del reino ondeaban orgullosos en cada torreón, bañados por el sol de la tarde. Había música en los patios, los herreros trabajaban reforzando la seguridad de las puertas y las cocinas