El Castillo de las Sombras parecía respirar un aire distinto. Los pasillos que antes transmitían frialdad ahora vibraban con movimiento constante: sirvientes corriendo de un lado a otro, artesanos llegando con telas y adornos, cocineros planeando banquetes. Todo era un ajetreo organizado bajo la mirada implacable de Rhaziel, quien había ordenado personalmente que nada faltara para el cumpleaños número dieciocho de Risa.
Era la primera vez en siglos que el castillo abriría sus puertas para una