La puerta de la cámara interior no se abrió.
Rhaziel permaneció frente a ella con la mano suspendida en el aire, como si tocar la madera fuera suficiente para desencadenar algo irreversible. El vínculo ardía ahora sin disimulo, sin delicadeza. No era dolor. Era advertencia.
Dentro, Risa seguía de pie, inmóvil, como si el aire se hubiera solidificado a su alrededor.
—Respira —ordenó Noctara con voz firme—. No luches contra lo que acabas de despertar. Si te resistes, se va a clavar más hondo.
Ris