El palacio no reaccionó de inmediato.
Eso fue lo primero que a Risa le resultó inquietante.
No hubo alarmas, ni pasos apresurados, ni guardias irrumpiendo cuando cruzó el umbral de la cámara. Solo ese silencio denso, expectante, como si la estructura entera estuviera conteniendo el aliento. Las antorchas no titilaban. Las sombras no se movían con naturalidad. Todo parecía… atento.
Rhaziel dio un paso hacia ella y luego se detuvo.
No por duda.
Por respeto.
El vínculo entre ambos vibraba, pero no