El aire en las Montañas de Ceniza era denso y áspero, cargado con el olor metálico de la roca quemada y el humo que emergía de grietas ocultas bajo la tierra. El círculo de piedra donde se llevaría a cabo el combate estaba rodeado por los guerreros Veynar, los ojos de todos fijos en Rhaziel y en el hombre que sería su oponente: el Campeón de la Ceniza.
Aquel gigante de piel curtida y torso desnudo, cubierto de tatuajes tribales y cicatrices de guerras pasadas, blandía un hacha doble cuya hoja b