El castillo entero contenía la respiración. La noticia de que Risa había escapado de la academia no había pasado inadvertida, y el rey estaba furioso. Rhaziel exigió hablar con Lady Aveline en privado, y la mujer lo condujo a su despacho, donde la penumbra y el olor a tinta impregnaban el aire.
—Hable —ordenó él, su voz grave, más cortante que cualquier espada.
La directora inclinó la cabeza con respeto.
—Su Majestad… desde que llegó a la academia, Risa fue tratada como una paria. Los profesore