Los sirvientes y soldados contuvieron el aliento al escuchar las palabras del rey. Nadie entendía a quién se dirigía… hasta que un leve crujido bajo las escaleras los delató. De entre las sombras surgió una figura frágil.
Risa dio unos pasos cortos, temblorosos, con el rostro pálido y los ojos aún enrojecidos por el llanto. La sala entera quedó en silencio. Nadie se movió; todos comprendieron que el aire se había vuelto demasiado pesado como para atreverse a respirar.
Rhaziel avanzó lentamente