El murmullo de voces lejanas fue lo primero que Risa escuchó. Después, el roce de sábanas suaves y el calor de un lugar desconocido. Un leve aroma a hierbas medicinales impregnaba el aire, mezclado con un incienso delicado que jamás había olido en la academia ni en las calles.
Abrió los ojos lentamente, pestañeando varias veces, hasta que la luz dorada de un candelabro le reveló la escena. Estaba acostada en una cama amplia, cubierta con mantas finas. Alrededor, varias sirvientas la observaban