DANTE
No sabía si estaba soñando o si el destino había decidido burlarse de mí una vez más.
La vi antes de que ella me viera. Sentada en aquella mesa junto a la ventana, con un libro entre las manos y una taza de café a medio terminar, parecía salida de una escena que había imaginado mil veces durante las noches más solitarias. La luz del atardecer acariciaba su cabello como si hasta el sol supiera que esa mujer, esa mujer imposible, seguía siendo un incendio en mi pecho.
Valentina.
Mi Valentin