Ian llegó a la mansión con el rostro tenso, los músculos de su espalda rígidos y la cabeza llena de pensamientos negativos. Todo en su interior le decía que las cosas peor de lo que parecía. La lucha por el poder estaba llegando a un punto crítico, y él lo sabía. El ambiente en la mansión había cambiado; algo en el aire era diferente, más pesado.
En cuanto cruzó la puerta, una sensación de incomodidad lo envolvió. No pudo evitar tensarse al ver a un grupo de sirvientes en silencio, moviéndose