En otro lado de la ciudad, Francesca recibió una llamada.
—¿Por qué no me respondías?—. Su espía por fin se había comunicado.
Suspiró pesadamente. El viaje había sido agotador y no tenía el humor para soportar los reclamos de una sirvienta.
—Estaba muy ocupada. ¿Por qué? ¿Pasó algo relevante?
Renata, su cómplice y la espía que había sembrado en la casa de los Spencer, no tardó en responder:
—Han pasado muchísimas cosas desde que te largaste. Muchas. Así que escúchame, por favor.—Númer