—¿Quieres ir a tu departamento? —Ian repitió las palabras con un leve fruncimiento de cejas, como si intentara descifrar si se trataba de una excusa para huir de su lado o un verdadero deseo.
—Hace tiempo que no paso por ahí —Emma se encogió de hombros, casi como si esperara que él se negara. Luego añadió en voz baja, sin mirarlo—. Quiero presentarte a alguien.
Ese detalle lo descolocó. Ian Spencer, con toda su compostura dura y su temple mafioso, no pudo evitar tensarse. Un gesto sutil,