Raquel
Andrea y yo seguíamos en el patio cuando escuché voces provenientes del interior.
Había tanta seguridad monitoreando la propiedad a cada momento que realmente no me preocupé, pero aun así me giré hacia Andrea con el ceño fruncido. —Qué raro… Javier no debería haber regresado todavía.
Podría estar equivocada. No es como si me hubiera dicho a dónde iba. Ni siquiera me importaba; prefería no saberlo. Así podía imaginarlo seguro y cómodo en alguna oficina, con los pies sobre el escritorio, e