Javier
—Quieres que me case contigo; de lo contrario, matarás a Raquel. —No era realmente una pregunta, solo una repetición del completo delirio que salía de la boca de Claudia.
Lo verdaderamente loco era que Claudia no parecía ni de lejos tan trastornada como sabía que estaba. La perra me miraba con una sonrisa despreocupada, como si acabara de preguntarme cómo me tomaba el café.
—Me alegra que estemos en la misma página. Odio repetirme —dijo, mirando su reloj—. Tienes cinco minutos para decid