Javier
Víctor frenó en seco en la entrada.
—Aguanta un segundo y te abro las puertas para—
Pero yo ya me estaba moviendo.
Había observado a Raquel durante todo el trayecto, sin apartar los ojos de ella ni un instante. Contando cada respiración.
Esperando a que se volviera superficial. A que dejara de respirar por completo.
No podía quedarme quieto ni un segundo más. No había tiempo para esperar.
La recogí contra mi pecho y eché a correr hacia la entrada principal. Tal como había ordenado, el d