Raquel
Desperté de sueños que no recordaba con un dolor pegajoso y palpitante entre las piernas.
Javier De León era un hombre difícil de dejar atrás.
Incluso en el subconsciente.
Me deslicé fuera de las sábanas y subí el edredón para cubrir las pruebas de mi vergüenza. Fernando probablemente era demasiado decente como para decir nada, pero sabía que notaría que la ropa de cama olía a sudor y a Dios sabía qué más.
Ducha. Eso sí podía controlarlo en ese momento. Necesitaba una ducha.
Caminé des