Javier
Recorrí con la mirada un mar de diamantes centelleantes y oro pulido hasta encontrar a mi prometida. Así la había llamado cuando el joyero personal de mi familia, de toda la vida, me preguntó por qué necesitaba una cita de última hora. La primera persona fuera del círculo de mi propia familia que lo sabía.
—Quería que mi prometida eligiera personalmente su anillo de compromiso —le dije a José—. Lo que quiera, es suyo. Sin preguntas.
Al oír eso, José puso la misma cara que si quisiera cas