Raquel
No estaba segura de qué esperaba mientras me llevaba el teléfono a la oreja.
Consuelo, tal vez. Normalidad. Alguna señal de que el mundo más allá de esta finca seguía girando. Porque en ese momento, mi universo se había detenido.
—Soy tu jefe, juez, jurado y verdugo. Soy el sol alrededor del cual gira tu mundo. ¿Lo entiendes?
No había forma de confundirlo: era una amenaza. Y, aun así, una amenaza no debería haberme hecho temblar los muslos. No debería haberme obligado a juntar las piern