La noche se extendía como un manto de incertidumbre sobre el palacio. Mariana contemplaba el techo de su habitación, incapaz de conciliar el sueño mientras las manecillas del reloj avanzaban inexorablemente. Las tres de la madrugada, y su mente seguía siendo un torbellino de pensamientos contradictorios.
Las palabras de Rashid resonaban en su cabeza con la persistencia de un eco en una cueva vacía: "Él nunca podrá darte lo que mereces". Frases calculadas, sembradas como semillas de duda en terre