Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl reloj digital de la mesita de noche marcaba las 11:03 AM cuando Mariana abrió los ojos y, por primera vez en semanas, su primer pensamiento no fue una pregunta cargada de pánico. No fue ¿Dónde está? ni ¿Están seguros los niños? Fue simplemente: Dormí toda la noche.
Su segundo pensamiento llegó casi de inmediato, como una corrección automática que su cerebro había aprendido a hacer: Ya no importa dónde está. Está encerrado.
Se sentó en la cama, las sábanas de seda blanca deslizándose por su regazo. La habitación en el palacio de la Reina Amara olía a jazmín y a algo más sutil, casi imperceptible: seguridad. O quizás era solo el aroma del descanso profundo, ese que había sido un lujo inalcanzable durante tanto tiempo.
Abajo, en el comedor privado que daba al jardín int







