El sol apenas despuntaba en el horizonte cuando Khaled observó desde la ventana de su despacho los preparativos para la cacería real. Una tradición que se remontaba a generaciones en la familia Al-Fayad y que ahora, por primera vez en años, le provocaba una inquietud que no lograba nombrar.
Sirvientes y mozos de cuadra se movían con precisión, preparando los caballos más finos de las caballerizas reales. Los halcones, entrenados durante meses para este evento, esperaban en sus perchas, con sus c