Han pasado tres meses desde que Viktor y yo hablamos por última vez. Ambos nos hemos mantenido firmes en actuar “de forma correcta”: hablamos solo lo necesario, o cuando coincidimos en las estúpidas reuniones que Larry organiza.
Aunque su cáncer ha avanzado a varias partes de su cuerpo, ha respondido bien a los tratamientos. Hay días en los que tiene recaídas, y esos momentos los he aprovechado a la perfección. Gracias a la ayuda de Joel, he podido descubrir ciertas inconsistencias en giros de dinero, tratamientos y preferencias hacia ciertos pacientes. Poco a poco encontraré todas las pruebas que necesito para hundirlo.
Llego y me siento en nuestra mesa habitual del café, ese que ha sido nuestro lugar de reuniones.
—Esto es más grave de lo que pensábamos —me dijo sin rodeos, empujando la carpeta hacia mí—. Larry no solo manipuló cifras, también autorizó tratamientos innecesarios para inflar costos.
Abrí los documentos con cuidado, leyendo nombres, fechas y montos que me revolvieron e