No sé cuánto tiempo pase encerrada en el baño. El solo hecho de que existiera la mínima posibilidad de que él estuviera cerca de mí hacía que todo se me revolviera por dentro, como si el estómago se me retorciera en un nudo imposible de deshacer.
Me lavé el rostro con agua fría, respiré hondo, me di ánimo en silencio y salí. Volví a entrar a la habitación sin pensar que…
—¿Hace cuánto están aquí? —preguntó Viktor, con los ojos enrojecidos y llenos de lágrimas que apenas contenía.
—Yo llegué hac