Un rugido sordo, un eco que pareció venir de las entrañas de la tierra, rompió el silencio del castillo. Los emblemas grabados en los arcos brillaron con una luz opaca, como si el aire estuviese repleto de augurios; las antorchas temblaron sobre las paredes de piedra negra.
Draven se agachaba sobre un altar de mármol oscuro, en la cámara principal, entre columnas erosionadas por siglos de magia. Alrededor de él se hallaban flotando libros abiertos, pergaminos y botellas con líquidos de color