El mensaje llegó cuando Clara revisaba sus apuntes en la biblioteca. Un escueto correo electrónico de la secretaría del rectorado solicitando su presencia inmediata. Sin explicaciones. Sin contexto. Solo la urgencia implícita en aquellas palabras formales que hicieron que su estómago se contrajera.
Mientras caminaba por los pasillos de la universidad, notó las miradas. No eran las habituales —esas de admiración académica o simple curiosidad— sino algo más incisivo, como si de pronto se hubiera