Hay algo en el aire. Lo siento como un depredador percibe el peligro, esa vibración sutil que altera el entorno. Mis hombres se mueven con normalidad por la casa, pero hay algo diferente. Una mirada que dura demasiado, un silencio que se extiende más de lo necesario.
Alguien está jugando un juego peligroso bajo mi techo.
Observo las cámaras de seguridad desde mi despacho. La pantalla dividida en seis cuadrantes me muestra cada rincón de la propiedad. Isabella está en su habitación, leyendo. Ha