La mansión dormía, pero yo no. El silencio nocturno se había convertido en mi cómplice mientras mis pies descalzos avanzaban por el pasillo del segundo piso. Cada tabla de madera parecía conocer mi secreto, crujiendo apenas lo suficiente para recordarme que estaba transgrediendo límites invisibles.
León había salido hace horas. "Negocios", dijo escuetamente. Yo sabía traducir ese código: algo relacionado con su venganza, con mi padre, con ese plan que seguía siendo un rompecabezas para mí.
La p