El cielo comenzaba a teñirse de gris cuando regresé a mi tienda, tardé en cruzar el umbral cuando la lluvia cayó. Era como si el cielo mismo llorara mi pena, como si comprendiera el miedo y el dolor que había en mi corazón.
Pensaba en Eirik, en lo mucho que lo amaba, en lo mucho que deseaba estar en sus brazos en ese instante, junto a él me sentía seguro, protegida y amada.
A su lado olvidaría el sabor amargo de la duda, perdiéndome en sus besos