La sombra oscura desapareció y yo pude llegar hasta el claro del bosque, pero Eirik no me esperaba como siempre, el lugar estaba vacío.
Mi corazón comenzó a latir con fuerza, como si mi pecho no pudiera contener la tormenta que crecía dentro de mí.
—Eirik… —susurré al principio, pero luego lo grité, dejando que mi voz se desgarrara en el aire húmedo del bosque—. ¡Eirik!
El eco devolvió mi llamado, pero no había respuesta. Solo el viento, susurrando entre