Tres sellos. Tres llaves
Los lobos formaron un semicírculo alrededor de la entrada. Unos aullaron, otros rascaron el suelo, recordando la rabia y la pasión de la batalla pasada.
Yo me arrodillé sobre la hierba húmeda, rogando en silencio a los ancestros y a los espíritus del bosque que protegieran a mi hijo.
Al cabo de unos instantes que parecieron eternos, Aldan reapareció. Su semblante estaba pálido, y sus ojos reflejaban un fuego interior que nos hizo retroceder involuntariamente.
—Está… vivo —dijo Naya ape