La noticia de que Aldan había superado el Juicio de la Fe se propagó en la aldea como un vendaval de esperanza.
Aquella tarde, a la sombra de los robles centenarios, Eirik reunió a los ancianos y a los líderes de todos los clanes en la Gran Encrucijada.
Los niños jugaban a lo lejos, y las mujeres preparaban pan para alimentar a los guerreros; el aire, cargado de anticipación, olía a tierra mojada y resina quemada.
Las nubes cubrían el cielo, presagio de